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Buenos días, mi nombre es Ramón, tengo 52 años y soy el propietario de un pequeño taller de reparación de pequeños electrodomésticos.

Se trata de una empresa familiar, fundada por mis padres y que actualmente yo dirijo.

En mi taller, trabajan, a parte de mí mismo 2 trabajadores.

Por lo tanto, somos tres personas las que llevamos este negocio en su totalidad.

Nuestros clientes son gente del barrio. Personas que conocen nuestra tienda porque pasan por delante de ella casi cada día. Son clientes asiduos y fieles, lo cual me hace pensar que estamos haciendo bien nuestro trabajo.

La verdad es que no nos podemos quejar. Trabajamos muchas horas, eso sí, pero gracias a nuestro esfuerzo diario podemos decir que salimos adelante con relativa facilidad, aun teniendo en cuenta esta crisis “crónica”, que nos atenaza desde hace tanto tiempo.

Pero sería un mal empresario si fuera tan conformista como para no plantearme crecer.

Por supuesto que me gustaría aumentar nuestra clientela. Más carga de trabajo me permitiría contratar 1 o 2 personas más y, quien sabe, quizás poder abrir un segundo taller.

Y aumentar los beneficios, por supuesto.

Mis hijos me aconsejan que invierta en publicidad. Concretamente en publicidad en Internet.

Que es el futuro, dicen. Que si no estás en Internet, no existes, dicen.

Pero ellos no se dan cuenta que Internet, aun siendo el invento del siglo y un espacio infinito para las nuevas oportunidades, no está hecho para una pequeña empresa como la nuestra.

No tendría sentido invertir ni un solo euro en publicidad en Internet. Para qué? Para que alguien en la otra punta de España conozca nuestro negocio? De que me serviría?. Esas personas no van a coger un avión para traerme su microondas estropeado.

Además, tengo una edad en la que estas cosas tan modernas no las acabo de entender, ni sabría cómo manejar.

Sin embargo, hace un par de meses tuve la suerte de conocer a una comercial que entró en la tienda con intención de “vender su producto”, como todas…

Al principio no le hice mucho caso. En la tienda entran continuamente comerciales que ofrecen productos de todo tipo, me interesen o no y al final acabas vacunado contra ellos.

Pero en este caso, tengo que reconocer que llamó mi atención, porque estaba tirando por tierra todos mis pretextos. Ella argumentaba:

Es que no se trata de que alguien en la otra punta de España coja un avión y le traiga su microondas para que se lo arregle. Sería absurdo. Pero se ha dado cuenta de que su clientela le conoce porque pasa por delante de la tienda? Y yo pregunto: “Y los que no pasan por delante? Y los que pasan cada día por la calle de atrás y por eso no le conocen? No podrían ser también clientes suyos? Y los que viven a 4 o 5 manzanas? Esos también podrían ser clientes suyos, pero no lo son, porque no le conocen. Y los que viven en la otra punta de esta población? Ellos quizás si le traerían su microondas estropeado, aunque tuvieran que desplazarse 10 minutos en coche.

Por supuesto, no le compré lo que vendia, pero con ese simple argumento hubo suficiente para que empezara a darle vueltas al asunto.

Efectivamente, mis clientes son los que me conocen. Pero, cuantos NO me conocen?

Y si pudiera encontrar a todas las personas que buscan un taller de reparación de electrodomésticos de mi población?

O mejor dicho….

Y si las personas que buscan un taller de reparación de electrodomésticos de mi población me conocieran?

Existe esa herramienta en Internet?